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.Kianny Antigua

Kianny Antigua

Dos días de verano

Primero lo llamé. Luego grité su nombre; el grito, con el púrpura del cielo, se volvió susurro. Al día siguiente, una gaviota le picoteaba la espalda mientras su cuerpecito flotaba y golpeaba las rocas como bote de juguete sobre el arrecife.   El sol ardía como si el infierno respirara en la boca del mundo.

Kianny Antigua

Boca de Nigua

Para Nardy

Con los tablones de la cama aún cicatrizados en la espalda y el grillo acribillándole media pierna, el hombre piensa en su mujer, tan salada, tan caña de azúcar prieta y en la corta distancia que los desune.

El calor, el infierno atizado que brota de las calderas cuya hambre voraz él constantemente alimenta, cubre su cuerpo. El mismo sudor se rehúsa a quedarse, a acompañarlo, a ser presa fácil de las llamas.

Sabe que de ese modo no hay hombre que aguante y, sin otro pago, se aferra a las horas de luna que le regala alguna noche y su hembra, siempre con fe en sus dioses y cuidando de no traer al mundo de los amos otro niño de fuego.