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Marcos A. Blonda

René del Risco Bermúdez, vigencia de un clásico dominicano

Podría resultar paradójico en estos tiempos hablar de la condición de clásico ya que la misma implica permanencia. Habitamos en la esfera de lo efímero, lo provisional, lo instantáneo; lo viral que desaparece de la misma manera en que se manifiesta: de repente. Hoy, a 45 años de su muerte, hablamos de René del Risco como un clásico y podría bien aplicarse la calificación si consideramos que si se elaborara un canon dominicano, a la manera de Bloom, necesariamente deberíamos incluir a este poeta nacido en San Pedro de Macorís a orillas del mar en 1937 y muerto en Santo Domingo, a orillas del mar, en 1972.

La pregunta que podría surgir es: ¿cómo se convierte René del Risco en un clásico? Y a seguidas plantearnos cuáles han sido los elementos que aparecen en su poesía que son novedosos y que se han constituido, a juicio de algunos, en la primera conciencia moderna —entendida la modernidad como vida urbana y alienación del sujeto— en la poesía dominicana.

En el curso de nuestras investigaciones alrededor de la representación de la ciudad de Santo Domingo en la literatura hemos visto cómo las imágenes que pueblan los poemas de del Risco muestran una ciudad que responde a unos códigos de modernidad que, a nuestro juicio, se refieren a la vivencia del poeta. Es la imagen del Puerto Rico donde vivió exiliado que se trastoca, en la poesía, a Santo Domingo. En el poemario El viento frío (1967) es simplemente la ciudad, pero es, en cada poema, la ciudad después de la Revolución de Abril de 1965.

La poesía es traducción de la historia del mundo a un diálogo interno del poeta, ha dicho Jack Kerouac. Del Risco es testigo de una historia que implica el tránsito hacia la modernidad material y hacia la dimensión alienante de esa misma modernidad con múltiples particularidades en el caso dominicano. Es lugar común el discurrir de manera crítica acerca de la alienación del sujeto en la modernidad. El individuo perdido en el torbellino del cambio que implica la vida moderna, sobre todo cristalizada en la ciudad, es un tema constante en del Risco y novedoso en la literatura dominicana.

Para entender la génesis de esta visión poética debemos ir hacia la biografía del poeta y su entorno temporal primario: la dictadura de Trujillo que se plantea como modelo de dictadura absoluta y digo absoluta en términos de singularidad de la misma manera que en física podemos hablar de un cero absoluto en temperatura. Bajo la dictadura nace René del Risco a la vida y fuera de los habituales escarceos infantiles de los poetas en ciernes empieza a considerar seriamente lo que escribe alrededor del año 1959, precisamente el año que marca el inicio del fin de un régimen que parecería eterno para quienes no conocían otra cosa. A Miguel D. Mena debemos haber sacado a la luz un prólogo escrito para el libro Del júbilo a la sangre1, libro que quedó listo para imprenta al momento de la muerte del poeta. De ese prólogo, perdido por muchos años, extraigo la siguiente cita: “¿Y cómo fue el año 1959 en nuestro país? ¿Y cómo puede ser un poeta que surge en ese año? Por obligación cargado de frases de protesta, lleno de miedo, en fin angustiado”.

El poeta sufre cárcel, tortura y exilio. Marchará al Puerto Rico de Muñoz Marín, artífice de una modernización material de Puerto Rico y de una fórmula intermedia entre la colonia y la independencia plena de la isla. Es de allí que vienen, a nuestro juicio, muchas imágenes modernas que luego aparecerán en sus poemas. Imágenes de ciudad: de “restaurantes con música”, de edificios en altura y de los anuncios de los cinematógrafos, edificio paradigma de la modernidad arquitectónica caribeña. El poeta pasa a residir en Santurce que para la época se llena de altos edificios comerciales y hoteles.

Al retornar e iniciar su labor creativa en el ámbito de la publicidad encuentra un país de nuevas libertades pero convulso políticamente. Del Risco alterna su actividad como publicista con su presencia en los medios: la radio y la televisión. 

La contienda bélica abrileña es el parteaguas de la ciudad de Santo Domingo.

Son años de intensa actividad política. Los acontecimientos se suceden rápidamente: gobierno de Bosch, golpe de estado, el triunvirato y la guerra, que era como llamaban —quienes la vivieron— a la Revolución de Abril de 1965.

La contienda bélica abrileña es el parteaguas de la ciudad de Santo Domingo. Si la dictadura de Trujillo conformó la ciudad como materialización del discurso ideológico de la tiranía, la Guerra de Abril puso fin a la condición de ciudad compacta que ostentaba como axis mundi del universo trujillista. Lo que resultó de los acontecimientos de 1965 habría de gravitar sobre la actividad cultural de Santo Domingo y sobre el ánimo de los escritores y poetas durante lo que restaba de la década de 1960 y la del 70. Hubo una ruptura de la lógica espacial de la ciudad que se materializaría en el nuevo discurso de poder del régimen de Balaguer (1966-1978) con sus intervenciones de una modernidad de corte haussmaniano tendentes a introducir, oculta bajo la imaginería del progreso, una lógica de control político-militar que evitara una nueva asonada. Es en este ámbito temporal-espacial que aparece el poemario El viento frío (1967). Es, a nuestro juicio, el libro de la posguerra. Es el canto a la frustración de la derrota y al orden vital que se retoma después de la contienda.

En “El Viento frío”, poema que da título al libro, del Risco abre con un exordio que da paso a cavilaciones sobre el orden de cosas heredado de la guerra:

Ahora estamos frente a otro tiempo

del que no podemos salir hacia atrás

estamos frente a las voces y las risas,

alguien alza en sus brazos a un niño,

otros hay que destapan botellas

o buscan entretenidamente alguna dirección,

una calle, una casa pintada de verde

con balcones hacia el mar…

Es el canto de la ciudad derrotada, pero es además el canto de la utopía traicionada y el desencanto característico del que entiende que ha abandonado el camino y se ha insertado de alguna manera en las filas de alienados en la ciudad moderna. Ese extrañamiento se encuentra presente y el poeta lo evidencia cuando dice:

Hubiera sido completamente absurda

esta ciudad,

nadie se hubiera acercado a las vidrieras

a ver trajes de baño,

máquinas de afeitar, pantalones McGregor,

nadie hubiera intentado

pensar en este amor de palabras oscuras,

detrás de copas de Martini,

en estos altos pisos

donde el rumor de la vida nos aprisiona,

nos empuja a besarnos,

nos deja llorar

y luego con el dorso de la mano nos hace aparecer

con el rostro tan limpio como siempre…

Vidrieras, bienes de consumo, “altos pisos” son símbolo y señal de las bondades inherentes a la vida moderna y sin embargo esos altos pisos se definen como prisión. Es la imagen del sujeto perdido en el torbellino social de la modernidad (Berman: 1988)2 y es una constante en El viento frío. La ciudad se plantea como escenario del amor, el encuentro y a la vez de la alienación, del sentirse perdido y ajeno.

René del Risco

La ciudad aparece como victimaria en el poema “Y no importa…”. Es Santo Domingo despuntando a la modernidad conjurada en imágenes que aún no correspondían a la realidad de una ciudad somnolienta, que todavía no se sacudía del todo de la tutela trujillista y ya se veía transformada por los manejos políticos del balaguerismo. No es —analizando la realidad— la ciudad verdadera, es una idea de ciudad concebida desde la experiencia puertorriqueña del poeta y unida al trauma de la guerra. Es la ciudad que empieza a recorrer el camino de la modernidad sin haber agotado aún su tránsito premoderno. No existió esa ciudad, existe hoy y es quizás una de las razones a partir de las cuales la poesía de del Risco permanece vigente. Nunca habló del presente que le tocó presenciar, construyó sus imágenes poéticas a partir de lo que era su idea de ciudad y esa idea era cónsona con la modernidad urbana en un grado más avanzado que el que ostentaba el Santo Domingo de entonces. El sujeto es víctima de esa ciudad futura y así lo dice el poeta en estos versos:

… esa misma forma de morir que tiene una muchacha

llamada Vicky, Luisa, Aura, Rosa,

ante una taza de café

víctima de toda una ciudad,

de toda una vida nómada, terrible, tonta…

Baudelaire ha sido tomado como ejemplo de poeta que mira y canta la ciudad que se transforma frente a él. Es el que primero mira el sujeto en la encrucijada que implica estar ante lo efímero, lo contingente y su contraparte en la permanencia y la inmutabilidad del arte. Se rebeló en su momento contra toda la fijación anticuaria que dominaba la cultura francesa y abrió la sensibilidad del siglo XIX a las transformaciones que sucedían. Es a la vez el primero que plantea sospechas respecto a esas transformaciones. De igual manera es René del Risco quien canta la modernidad dominicana y plantea sospechas respecto a esa modernidad incipiente. El viento frío es el más claro ejemplo. Son esas sospechas, aún no resueltas, las que han dado a del Risco la condición de permanencia que caracteriza a los clásicos.

1 Avilés Blonda, M. (2005) “Del júbilo a la sangre”, a manera de presentación, Poesía completa René del Risco y Bermúdez, Miguel D. Mena (Ed.), ediciones Cielonaranja.

2  Berman, M. (1988). All That Is Solid Melts Into Air: The Experience of Modernity. Penguin Books.